-AQUEL 14 de ABRIL del ’55-
Y esa era, de
repente, nuestra hora señalada
simplemente,
improvisada, que nos deparó el destino
mostrándonos
el camino del inicio, hasta el mañana.
Sellando en
aquel beso la promesa de un amor eterno
irrompible,
verdadero y tan tierno como el agua ó el cielo
que nunca
lastimara los puros sentimientos.
Y se dió
lentamente, sin prisa y con ninguna pausa,
horas, días,
semanas y decenios…
siempre con la
familia, hijos, nietos y amigos
guardando la
memoria en nuestros Silos
y evocando de
a poco los momentos vividos
interminables
mimos de nuestra vida mansa.
Ya más de
medio siglo, aquel catorce,
reverbera
caricias ancestrales
ornamentadas
con los lujos filiales
que son ecos
de aquel, el primer beso…
robado de unos
labios celestiales
que nos
conducen al éxtasis eterno.
JOTACET
Julio César
Tagle 03 de mayo de 2011
UN
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